Bogotá, Colombia /

viernes 13 de noviembre de 2009

'Prepárense para la guerra'

www.cambio.com.co / 13-Nov-99

Hugo Chávez, Presidente de Venezuela
Hugo Chávez, Presidente de Venezuela
Las relaciones entre Colombia y Venezuela tienen una larga historia de incidentes y tensiones. La delimitación marítima del golfo de Venezuela -aún pendiente- estuvo varias veces a punto de generar un enfrentamiento armado, y durante años las 'hipótesis de guerra' que utilizaron los ejércitos de ambos países para entrenar a sus soldados tuvieron como blanco virtual al país vecino. Sin embargo, nunca las dos naciones habían estado tan cerca de una confrontación. Lo que Hugo Chávez les dijo a sus generales en su programa Aló, Presidente el domingo pasado, "¡Prepárense para la guerra!", nunca había sido pronunciada en público por algún mandatario de Venezuela o de Colombia.

La crisis en la relación bilateral ha llegado muy hondo. La palabra guerra en boca de Chávez es el último eslabón de una larga cadena de incidentes en la frontera, el cierre del paso en algunos de sus lugares más dinámicos, y el anuncio de la movilización de 15.000 miembros de la Guardia Nacional. Más en el fondo, Uribe y Chávez se han convertido en símbolos de dos grandes tendencias políticas que dividen a América Latina. La frontera colombo-venezolana se ha convertido en el muro de Berlín de una Guerra Fría ideológica, y ambos países han fortalecido su capacidad de operación militar: Colombia, con el acuerdo de cooperación con Estados Unidos, y Venezuela, con la compra de armamentos a Rusia. En cambio, en el campo diplomático la comunicación entre los gobiernos es casi nula y los instrumentos construidos durante años para tratar los temas de la relación están desactivados.

El discurso de Chávez encendió alarmas en varias latitudes. El gobierno de Uribe, mediante un comunicado, solicitó la participación de la ONU y de la OEA. El presidente de Brasil, 'Lula' da Silva, expresó su disposición a propiciar un encuentro entre los dos mandatarios el 26 de noviembre, en la cumbre del Tratado de Cooperación Amazónica que se llevará a cabo en Manaos. El secretario de la OEA hizo un llamado a la utilización de medios diplomáticos, y Estados Unidos, Perú y España se pronunciaron en sentido semejante.

El miércoles en la mañana Chávez afirmó que el sentido de su discurso era el de hacer un llamado para "mejorar la defensa de Venezuela". Un día antes el Congreso de Brasil decidió postergar la votación sobre el ingreso de ese país a Mercosur, y el vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos se pronunció a favor de que el caso sea tratado por la OEA. En Colombia las palabras de Chávez fueron interpretadas como un 'reversazo', y el propio Uribe les comentó a un grupo de congresistas de La U que ahora había "un clima de mayor seguridad". Sin embargo, las subidas y bajadas han sido una tendencia de los últimos años que para nada han significado una mejora de la relación.

La pregunta que ronda es qué tan posible sería una guerra entre Colombia y Venezuela. ¿Se volvió viable un escenario que hasta hace poco era impensable? Según las encuestas a lado y lado de la frontera, la opinión pública en los dos países rechaza esa opción y en Colombia esa mayoría llega a un 79,3 por ciento. Pero analistas consideran que la 'frontera caliente', la propensión a incidentes y la mala relación entre las capitales es un caldo de cultivo perfecto para que cualquier mecha produzca una escaramuza. Así lo plantea Armando Borrero, experto en temas de seguridad, en un artículo para esta edición.

Las hipótesis más pesimistas se basan en que los dos presidentes enfrentan difíciles situaciones internas y que mediante el conflicto externo buscan distraer a la opinión pública, despertar sentimientos nacionalistas y generar solidaridad en torno a los gobiernos. En el caso de Chávez, la situación económica se ha deteriorado (ver artículo de Andrés Mejía) en forma significativa, y su popularidad ha descendido por debajo del 30 por ciento. Uribe, por su parte, enfrenta según la última encuesta Invamer-Gallup un escenario de caída en la imagen, inconformidad por el escándalo de AIS, malestar por las consecuencias de la crisis económica y una percepción mayoritaria -61 por ciento- de que las cosas están empeorando. La tesis de la 'cortina de humo', sin embargo, es solo un determinante de la crisis actual y es más acertada para Chávez que para Uribe.

A pesar de todo, Uribe mantiene el apoyo de los electores y si el referendo pasa tiene casi asegurada su victoria electoral. Chávez, en cambio, está pagando el precio de abanderar una campaña para que su sociedad -una de las más consumistas del mundo- se bañe con totuma y ahorre agua y energía.

La tensión colombo-venezolana se explica también por la forma como cada gobierno percibe su papel ante la comunidad internacional y para defender su modelo político.

Chávez busca una proyección externa de la revolución bolivariana, y el conflicto con Colombia cohesiona a sus aliados y los alinea contra el 'imperio' estadounidense. Uribe, mediante el acuerdo bilateral de cooperación militar, consolida la fortaleza del Estado para mantener la "seguridad democrática".

El ex embajador de Estados Unidos en Caracas, John Maisto, dijo alguna vez que a Chávez hay que tomarlo "por lo que hace y no por lo que dice". Es decir, que habla mucho y a la hora de la verdad no lleva sus amenazas a los hechos. Hasta ahora, en sus casi 11 años de gobierno, ha demostrado que la 'doctrina Maisto' tiene mucho de razón. A Estados Unidos le ha dicho de todo en los tiempos de Bush como en los de Obama, pero conserva intactos su comercio y sus relaciones diplomáticas. Con Colombia ha habido momentos de tensión y de abrazos, pero no ha llegado al extremo al que llegó Ecuador de romper los lazos formales.

El momento actual, sin embargo, es más peligroso que todos los anteriores por la gravedad de los temas conflictivos, y porque no hay a la vista mecanismos evidentes ni fáciles de solución. Chávez se ha radicalizado y atraviesa por un momento crítico. Una guerra no es inminente pero parece más cercana que nunca. En cambio, la guerra fría -conflicto, tirantez, agresiones verbales, incidentes repetidos- es un escenario que no será superable en mucho tiempo.

viernes 6 de noviembre de 2009

Chávez y sus tambores de guerra

María Elvira Samper / Revista Cambio /06/11/09.

Una frontera tan caliente como la colombo-venezolana es un polvorín, y un presidente incendiario como Chávez, un verdadero peligro.

Fiel a sí mismo y preso de sus delirios mesiánicos y de su proverbial paranoia, el presidente Chávez se muestra cada día más agresivo contra el Gobierno colombiano y el Imperio, a los que acusa de organizar un complot para asesinarlo. El viejo y socorrido truco para desviar la atención de los problemas que agobian a los venezolanos: desempleo (seis de cada diez personas que pueden trabajar están desempleadas o en la economía informal), inflación (cerca del 30 por ciento), racionamientos de agua y luz, desabastecimiento de los productos de la canasta familiar, delincuencia e inseguridad desbordadas (los homicidios se han multiplicado en más de 300 por ciento desde 1999 y el cálculo es que este año terminará con un saldo cercano a 18.000 asesinatos).

En más de 10 años en el poder, Chávez ha destruido más de lo que ha construido. El aparato productivo está en ruinas: el Gobierno ha cerrado cerca de 6.500 industrias, e innumerables leyes y normas hacen muy costosa la producción; las exportaciones no-petroleras siguen a la baja y al alza las importaciones; la inversión extranjera está hoy en los mínimos históricos, Pdvsa no ha logrado recuperar el ritmo de producción anterior al paro petrolero (2002-2003) y la crisis del sector petroquímico es tal, que Venezuela se ha convertido en gran importadora de gasolina; muchas empresas se han trasladado a otros países, y zonas industriales están convertidas en cementerios improductivos o en almacenes de contenedores, y ni qué decir de la crisis de la agricultura y la ganadería.

No sorprenden los resultados del Índice de Prosperidad Legatum 2009 —del Grupo Legatum, una firma privada de inversión—, que analiza crecimiento económico, educación, salud, felicidad y calidad de vida de 104 países y evalúa las condiciones para atraer capital. Según este, Venezuela es uno de los menos prósperos del mundo: ocupa el puesto 74, por debajo de Bolivia (73) y Ecuador (71). Solo prosperan las importadoras estatales y los amigos del régimen. Y Chávez y su familia, cuyos críticos dicen que Ricardo Fernández Barrueco —el único empresario al que el mandatario le pasa al teléfono y cuyo emporio abarca transporte, agricultura, alimentos y energía— les sirve de testaferro y les ha abierto cuentas en paraísos fiscales del Caribe y Europa.

El panorama interno no es nada halagador para el caudillo. Según una reciente encuesta de Alfredo Kéller & Asociados, su popularidad viene cayendo desde 2006 —pasó de 65 por ciento a 38 por ciento— y continúa perdiendo puntos; el 54 por ciento desaprueba el modelo socialista, el 56 por ciento quiere libertad educativa, el 60 por ciento apoya la libertad de prensa, y el 78 por ciento considera que el Gobierno es corrupto.

El pueblo está pagando los platos rotos de la ruptura de relaciones con Colombia, la interrupción del comercio bilateral —en Venezuela hay entre 2,5 y tres millones de colombianos que han sido importante base del apoyo chavista—. No le gusta el sonido de los tambores de guerra que Chávez toca para distraer la atención de la catástrofe doméstica, y desaprueba la complacencia frente a las Farc, que asocian con el narcotráfico. El rechazo a la guerrilla es tan radical y masivo entre los venezolanos como en Colombia: más del 98 por ciento.

Los venezolanos no quieren guerra pero Chávez sueña con ella. Por eso creó las milicias bolivarianas y ha aumentado el gasto en Defensa (15,69 millardos entre 2000 y 2008) en detrimento de inversiones en programas sociales, energía, minas e industrias básicas. Lo justifica en la posición estratégica de Venezuela y en la necesidad de defender las reservas energéticas, pero también en el acuerdo de cooperación militar Colombia-Estados Unidos que considera una amenaza, y en el supuesto complot en su contra. Lo grave es que para la guerra no necesariamente se necesitan dos, basta con uno para que un incidente cualquiera prenda la mecha. Una frontera tan caliente como la colombo-venezolana es un polvorín, y un presidente incendiario como Chávez, un verdadero peligro. Con el pretexto de defender la soberanía podría arriesgar la vida de miles de ciudadanos.

miércoles 21 de octubre de 2009

Los mitos farianos

Rafael Guarín / Especial para Facebook

Manuel Marulanda, Tirofijo, al comienzo de las Farc
Manuel Marulanda, Tirofijo, al comienzo de las Farc

Las Farc son verdaderas maestras en el manejo del mito. Uno de sus mitos sobre su origen relata que hacia 1964 eran humildes e indefensos campesinos agredidos por el Estado que tuvieron que armarse para defenderse. Una revisión histórica muestra otra cara: para 1960 ya existían 13 cuadrillas comunistas en Tolima, Cundinamarca, Valle del Cauca, Boyacá y Santander, con un total de 912 integrantes, como lo recuerda James Henderson.

La realidad es que desde los años cincuenta estos grupos armados fueron organizados, adoctrinados, entrenados y protegidos por el Partido Comunista Colombiano. El proceso organizativo de las Farc estuvo a cargo de ese partido de la mano de dirigentes provenientes de las ciudades, como Jacobo Arenas.

El mito de la "agresión" nunca se descuida. Un ejemplo es el comunicado del Secretariado en que se informa la decisión de liberar a los secuestrados Clara Rojas, el niño Emanuel y la excongresista Consuelo de Perdomo, fechado el 9 de diciembre de 2007. Debajo de la fecha y antes de la firma, aparece la siguiente leyenda: “17 años después de la agresión a Casa Verde”. Se refiere a la legítima y legal acción militar realizada en 1990, en el municipio de la Uribe, por el ejército colombiano en contra del santuario de las FARC, donde se planificaban y ordenaban acciones terroristas. La ecuación es sencilla: el ejercicio legítimo de la autoridad del Estado es una agresión que justifica ejercer la violencia como legítima defensa. Todo un artificio.

Otro mito es el de la existencia en Colombia de una guerra civil. Para esto desarrollaron un lenguaje, avalado por sectores de opinión, algunos medios de comunicación y académicos, que reconoce implícitamente legitimidad a las FARC y justifica directa o indirectamente sus acciones. De esa forma, se llega a la necesidad de “acuerdos humanitarios”, se edifica el concepto de prisioneros de guerra para hablar de secuestrados o el de impuesto revolucionario para referirse a las extorsiones, igual que sucede en el País Vasco.

Un mito más consiste en decir que en Colombia no se puede hacer política de izquierda lo que obliga a tomar las armas. Se basa en una atrocidad incuestionable: el asesinato masivo de dirigentes de la Unión Patriótica. El hecho, también incuestionable, es que en el proceso electoral de 2007 fueron asesinados 30 candidatos de los cuales ninguno era de izquierda. La mayoría pertenecían a partidos de la coalición de gobierno y otros al Partido Liberal, que sigue siendo percibido como uno de los bastiones del establecimiento político. Muchos de ellos muertos por las Farc y otros por las bandas criminales que quedaron luego de la desmovilización de las AUC.

Los mitos son centrales en todos y cada uno de los actos de comunicación fariana. Si se revisan con atención las entrevistas a sus miembros, los videos publicitados en Anncol o en la Agencia Bolivariana de Prensa, los comunicados y los “editoriales” que aparecen en su página web, se encontrará que sin excepción acuden a los mitos para ratificar la “justeza de su lucha”.

El discurso de Marulanda leído en la instalación de los diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana, al referirse a los “cerdos y las gallinas” buscaba ratificar los mitos fundadores. Igual ocurre con el video de las liberaciones de secuestrados realizadas en febrero pasado y en los que un guerrillero relata su visión de las Farc. De ahí, el interés de Farc por las cámaras de televisión y por contar con un movimiento en la legalidad que les sirva de caja de resonancia.

Finalmente, el mantenimiento de dos mitos son claves para las Farc en este momento: su supuesta “invencibilidad” y el carácter “imprescindible de la salida negociada”. Sobre el primero se edifica el segundo. Ambas ideas fueron entronizadas durante años y son, tal vez, su mayor capital.

Toda una generación creció dibujando palomas de paz y convencida que el diálogo era la única salida a una situación originada en lo que el ex presidente Belisario Betancur denominó “causas objetivas de la violencia”, haciendo suyo el discurso guerrillero. Consciente o inconscientemente dirigentes políticos, profesores universitarios, periodistas, líderes sociales y muchos ciudadanos reproducen ambos mitos. Por cuenta de ellos, Farc y ETA logran dividir la sociedad, mientras consiguen que un segmento de la misma ejerza presión sobre el gobierno para que negocie, ceda ante el terrorismo, reduzca el componente de autoridad, doblegue el estado de derecho y caiga en la trampa del diálogo, que se utiliza como táctica al servicio de una estrategia de guerra.

En conclusión, el ejemplo colombiano ilustra la forma en que los mitos y la manipulación de la historia se vinculan íntimamente a la existencia y actuación de los grupos terroristas. Éstos los asumen como fuente de legitimidad de su existencia, instrumento de deslegitimación del Estado y como medio de propaganda para ganar adeptos. Una línea de acción antiterrorista es la de desmitificar aquellos acontecimientos que sirven de sustento al discurso de las agrupaciones violentas presentándolos en su real dimensión.

www.rafaelguarin.blogspot.com

domingo 18 de octubre de 2009

Los conflictos de Roman Polanski

Por Castorlux
Roman Polanski
Los conflictos de Roman Polanski comenzaron muy temprano en su vida. Durante la segunda guerra mundial perdió a su madre en un campo de concentración en el que también estuvo recluído su padre durante dos años. Era el preludio de un sino trágico en la vida del director polaco.

En abril de 1969 sufre la muerte de su querido compositor musical de películas Krzysztof Komeda a causa de un accidente.

La madrugada del 9 de agosto de 1969, durante una noche en la que su esposa, la actriz Sharon Tate, se encontraba en su mansión de California junto con otros amigos (Polanski estaba en Londres), miembros de la secta de Charles Manson irrumpen en su casa y los asesinan. Tate fue asesinada por Susan Atkins con 11 puñaladas tras implorar por la vida de su hijo a lo que una fría Atkins respondió "no voy a tener clemencia contigo, zorra". No sólo la acuchilló sino que la arrastró con una cuerda por la estancia y luego cometió varios abusos antes de darle una feroz muerte por desangramiento. Fue la aseadora la que a la mañana siguiente encontró los cuerpos y dio aviso a la policía. Polanski quedó devastado y viajó a los EE.UU para dar sepultura a su esposa e hijo. La tumba de Tate quedó con el nombre de Sharon Tate Polanski.

En 1977, a los 43 años, Polanski, se vio involucrado en un escándalo junto a Samantha Geimer, de 13 años de edad. Roman la llevó a la casa de Jack Nicholson en Mulholland Drive para fotografiarla para la revista Vogue. Gailey declaró que el director le dio champán y metacualona, le tomó fotos con el pecho desnudo y después la llevó a un jacuzzi donde donde la violó.

Polanski fue acusado de violación a una menor tras el uso de drogas, perversión y sodomía a una menor, así como por administración de drogas a una menor. Estos cargos fueron atenuados bajo los términos de su plea bargain (negociación en el sistema jurídico estadounidense entre el fiscal y el acusado por la que el fiscal accede a limitar sus acusaciones o las penas que solicitará si el acusado se reconoce culpable de ciertas acusaciones) y se declaró culpable del cargo menor de tener relaciones sexuales ilícitas con una menor. Polanski fue condenado en primer lugar a un periodo de reclusión de 90 días en una prisión estatal para realizarle una evaluación psiquiátrica con el fin de decidir su condena final, pero le dieron un permiso de otros 90 días para terminar su proyecto pendiente. De acuerdo con los términos de la sentencia, se le dio permiso para viajar al extranjero.

Polanski huyó de Estados Unidos en 1978 mientras estaba en libertad bajo fianza de 2.500 dólares y tras haber pasado unos meses en prisión en Chino (Los Ángeles) por los cargos de abuso sexual de la menor de 13 años y del que Polanski se declaró culpable, por lo que fue enviado a prisión en "evaluación" durante tres meses, aunque sólo pasó 47 días. Tras huir de la justicia, el cineasta obtuvo la ciudadanía francesa, evitó la extradición y no volvió a pisar territorio estadounidense. Ni siquiera acudió a la ceremonia de los Oscar de 2003 cuando obtuvo el premio de mejor director por "El Pianista".

El cineasta franco-polaco, de 76 años, fue arrestado el 26 de Septiembre a su llegada al aeropuerto de Kloten, Zúrich, por el delito de violación cometido en 1977. Polanski fue arrestado en relación a esos cargos, que nunca prescribieron según la interpretación de Peter Espinoza, juez californiano encargado del caso, aunque la víctima retiró los cargos hace ya años. Se dice que el director la indemnizó con 500 mil dólares.

El 17 de Octubre el director de cine abandonó la cárcel suiza de Bellinzona en la que estaba siendo retenido para ingresar en un hospital suizo.

Polanski será sometido a una serie de pruebas médicas para reponerse de los problemas de salud que padece desde hace tiempo. Su abogado Herbé Termine, ya mencionó la semana pasada que su estado de salud es delicado.

Según el diario suizo 'Blick', Polanski fue ingresado el viernes en un centro médico del cantón de Zúrich.

Folco Galli, portavoz del Departamento Federal de Justicia suizo se apresuró a matizar que este "contratiempo" no tiene influencia alguna en su condición de detenido. Según Galli, se le concedió la asistencia médica por su difícil situación física y psicológica.

Los abogados de Polanski han presentado un recurso para que se anule el arresto y otro para que se suspendan sus trámites de extradición a los Estados Unidos.

Dicen los expertos que esta "película" de Polankski podría terminar con una condena de dos años, de los cuales purgaría solamente unos meses.